Yo no estaba delante, ocurrió con su abuela paterna:
- Abuela, cuando sea mayor voy a tener el culete
blanquito como el de A (su prima, unos meses mayor que ella).
- ¿Pero no te gusta el tuyo?
-
Si, mira, es negrito, te gusta?
-
Si, a mi me gusta mucho.
-
Pero cuando sea mayor lo voy a tener blanquito
como A.
Esta mañana, mientras la peinaba, he intentado sacarle yo el
tema…
-
Vaya pelo bonito tienes peque, todo negrito. Yo
también lo negrito mira. - me agacho un poco para que lo vea y me agarra
con fuerza un mechón. Lo inspecciona de cerca.
-
Yyyyyy…..de qué color lo tiene An (su primo). –
pregunta mirándome como si fuera una inspectora de policía y estuviera cabos.
-
Pues lo tiene marrón.-le contesto
-
Y el tio H.? – y asi hemos ido uno por uno por
todos los miembros de la familia diciendo el color de su pelo.
En el momento he pensado que le reconfortaba ver que casi
todos lo teníamos negro, como ella. Pero seguramente la que mas consuelo ha
encontrado, he sido yo… si, tengo miedo. Y ahi iba mi intento (un poco cutre) de
buscar semejanzas…Leo todo lo cae en mis manos sobre la adopción transracial y
como los niños en muchas ocasiones no encuentran un patrón físico en el que
reflejarse, ven como todos a su alrededor son blancos traslucidos… las
angustias y los miedos que pasan…y entonces me contagio.
Quiero que mi hija
esté orgullosa de ser como es, porque es una preciosidad. Con su piel, con sus
rizos… pero si no lo fuera, si al crecer se convierte en una niña normal o
incluso fea y sin gracia, quiero que este orgullosa de ser como es… porque es única, porque es
ella, porque no quiero que sufra, porque quiero que sea feliz…
Precisamente esta mañana he leído en Madre de Marte la conversación de una niña con su madre, en la que niña no mostraba dolor, sino mas bien resignación. También duele.